Noche carnavalesca de la Bazán

La noche carnavalesca de la Bazán será el sábado 1 de agosto.

Empezará a las 21:00 y sobre las 21:30 está previsto que actúen las dos chirigotas del colegio: “Un diíta en la feria” y “GPS: Gabinete de Psicólogas Salineras”.

Al final de la noche, sobre las 12 de la noche, la última actuación será la de “Huele a ropero”, donde salgo yo.

Otro poemilla

La oveja bala,
(a base de balidos
las ovejas se comunican
con sus vecinos).
La oveja es torpe,
sólo se sabe una letra
la be.
Me dice: -Be,
Be,
Be.
(Me voy)

Gloria Fuertes

Si alguien puede poner un dibujo para estos poemas, seguro que quedarían mucho más bonitos.

¿Os atrevéis a imitar a Gloria Fuertes, con otro poemilla?

¿Conocéis a la autora de este poema?

La pata mete la pata

La pata desplumada,
cua, cua, cua,
como es patosa,
cua, cua, cua,
ha metido la pata,
cua, cua, cua,
en una poza.

-¡Grua!, ¡grua!, ¡grua!
En la poza había un Cerdito
vivito y guarreando,
con el barro de la poza,
el cerdito jugando.

El cerdito le dijo:
-Saca la pata,
pata hermosa.
Y la pata patera
le dio una rosa.

Por la granja pasean
comiendo higos.
¡El cerdito y la pata
se han hecho amigos!

Gloria Fuertes

Nanas de la cebolla

Miguel Hernández fue un gran poeta que por desgracia no tuvo una vida larga ni feliz. En 1937, terminada la Guerra Civil, es encarcelado y en la cárcel morirá de tuberculosis, con sólo 32 años.

Estando en la cárcel recibe una carta de su mujer contándole que tiene tan poco dinero que sólo puede comer pan y cebolla. Su hijo, amamantado por su madre con esa «sangre de cebolla», ríe. Y Miguel Hernández compone un poema hermosísimo y conmovedor, al que titula «Nanas de la cebolla».

Alberto Cortez le puso música a este poema y Joan Manuel Serrat hizo famosa la canción. A continuación del vídeo aparece el poema completo, incluyendo tres estrofas que Cortez y Serrat prefirieron saltarse (están con letra inclinada).

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

El lobito bueno

José Agustín Goytisolo escribió este encantador poema en el que le da la vuelta a los cuentos clásicos:

Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

Paco Ibáñez le puso música, convirtiéndolo en una bonita canción, muy apropiada para dormir a tu hermanito.

Los dos conejos

Tomás de Iriarte fue un poeta español que vivió entre 1750 y 1791. Aunque escribió otras muchas cosas, hoy en día se le recuerda principalmente por sus Fábulas literarias, un libro en el que critica los defectos de los escritores mediante pequeñas historias en verso protagonizadas (la mayoría) por animales. Esta fábula, «Los dos conejos», es una de las más famosas. Para disfrutarla aún más, escúchala mientras la lees en la voz de Edith Checa.

Por entre unas matas,
seguido de perros
—no diré corría—
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero,
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?».

«¿Qué ha de ser? —responde—;
sin aliento llego…
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».

«Sí —replica el otro—,
por allí los veo…
Pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos».

«¿Qué? ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo».

«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso».
«Son galgos, te digo».
«Digo que podencos».

En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

Como Iriarte vivió hace más de doscientos años, usa algunas palabras y expresiones que hoy nos parecen extrañas. ¿Qué crees que significaba «tente»? ¿Qué diríamos hoy en lugar de «Tente, amigo, ¿qué es esto?». ¿Y qué quiere decir el otro conejo cuando después le dice: «Sí, como mi abuelo»?

Las fábulas tienen siempre una enseñanza, algo que el autor quiere que los lectores aprendan de ella. A esta enseñanza se le llama «moraleja». ¿Cuál es la moraleja de esta fábula de los dos conejos?