El internado (1)

Érase una vez una niña que era huérfana de padre y madre. Como no tenía a sus padres hacía locuras, por ejemplo cortarse las venas o algo. Pero no lo hacía porque no era capaz.

Un día ella se cansó y mató a un niño y fue a un internado. Un año después ella seguía en el internado y allí le pegaban y todo.

Ella en el internado era muy buena, pero un día ella se portó muy mal y le pusieron camisa de fuerza.

Cinco años después les iban a adoptar unos muchachos y hasta después de 10 años más no podía adoptar a alguien.

Continuará….

El perrito abandonado

Érase una vez un perrito que estaba abandonado. La gente pasaba y nadie lo cogía. El perrito pasaba mucha hambre. Hasta que un niño le dijo a su madre:

-Mamá, quiero ese perrito, que me da mucha pena.

Y entonces la madre lo cogió y se lo llevaron a su casa.

La familia le puso un nombre al perrito: Tobi. Y ya el perrito era muy feliz. Pasó un año y un día vio a su antiguo dueño mientras paseaba y el dueño lo llamaba, pero el perrito no quería ir.

El niño siempre jugaba con su perro y al final el perrito Tobi fue muy feliz con esa familia.

El carnicero que se enfrentó a una clienta

Érase una vez un carnicero que siempre trabajaba. Todos los días venía una clienta a comprar que se llamaba María.

Un día el carnicero le puso veneno a la comida de María sin que ella lo supiera. Se llevó la comida y cuando se la comió le entró un dolor de estomago que le duró quince días.

Quince días después Maria la clienta fue a la carnicería y le dijo:

-Oye, carnicero. Me pusiste veneno en mi comida.

-Noooo. ¿Cómo le voy a hacer eso a usted?

-¿Ah, no? Pues voy a ir al médico a ver si me dice que me ha caído mal la comida.

María fue al médico y le dijo el médico que no le cayó mal.

Un año después el carnicero le puso veneno a la comida, pero no un veneno malo, sino bueno. El veneno era para que la comida le sentara bien porque María estaba mala.

María le pidió perdón, el carnicero le dijo el veneno que era y al final se perdonaron.